Empieza preparando la masa del crumble colocando en un bol la avena en polvo, la canela y el azúcar. Incorpora la mantequilla que debe estar a temperatura ambiente para que se mezcle con facilidad. Puedes trabajar la mezcla con un procesador de alimentos hasta que se vea uniforme, o hacerlo con las manos, formando una masa suave y homogénea.
Incorpora las nueces tostadas y bien picadas.
Separa la mitad de esta preparación para usarla en la cobertura y al resto añádele el huevo. Remueve bien hasta que se integre y vierte la mezcla en un molde de 18 cm que tenga en la base un disco de papel manteca, lo que facilitará desmoldar después. Lleva al horno precalentado a 180 °C durante unos 10 minutos hasta que la superficie se vea compacta. No es necesario dorar demasiado porque continuará la cocción con el relleno y la cobertura.
Para el relleno, pela las manzanas y córtalas en cubos medianos. Colócalas en una sartén junto con el azúcar y la canela, manteniendo el fuego medio hasta que se vean doradas y el azúcar empiece a caramelizarse alrededor de los trozos.
Añade la maicena y mezcla con cuidado hasta que se disuelva por completo en los jugos de la fruta. Al calentarse, la maicena actúa como un espesante natural que transforma el líquido en una salsa ligera y brillante, envolviendo cada trozo de manzana. De esta manera, el relleno conserva su humedad y durante el horneado los jugos no se filtran hacia la base manteniéndola crujiente.
Vierte este relleno sobre la base del crumble y alisa la superficie para que quede pareja.
Encima coloca la masa reservada y, si lo prefieres, añade algunos copos de avena para darle un aspecto más rústico y atractivo.
Hornea nuevamente a 180 °C durante unos 25 minutos o hasta que la superficie se vea dorada y se note crujiente. Retira del horno y sirve caliente. ¡A disfrutar!