El primer paso es aromatizar el azúcar granulada con la ralladura de la naranja. Este paso es muy rápido: simplemente ralla la cáscara de la naranja fresca sobre el azúcar y luego mézclala bien.
Incorpora la mantequilla y comienza a batir a velocidad alta hasta que se forme una crema suave y untable. Es importante que la mantequilla esté a temperatura ambiente, así se integrará mejor. Para este paso puedes utilizar el accesorio de paleta.
Añade los huevos y perfuma con un chorrito de esencia de vainilla. Bate un par de minutos hasta obtener una crema semilíquida y homogénea. Recuerda que los huevos también deben estar a temperatura ambiente para lograr una textura más uniforme.
Agrega los ingredientes secos. Puedes tamizarlos previamente para eliminar cualquier grumo. Coloca el cernidor sobre el bol con la mezcla de huevos y tamiza la harina junto con el polvo de hornear.
Integra con la batidora a velocidad muy baja o con una espátula de goma, realizando movimientos envolventes hasta que no quede ni un solo grumo de harina.
Aparte, corta la naranja retirando primero los extremos y luego realiza incisiones alargadas por toda la cáscara para poder quitarla, que es la parte más amarga. Parte esta pulpa por la mitad y corta gajos (no hace falta que sean los gajos naturales de la fruta). Después, corta esos gajos de forma transversal para obtener trozos pequeños.
Añade la naranja troceada a la masa e intégrala suavemente con la espátula de goma. Puedes mezclar dando movimientos envolventes para evitar destrozar la pulpa de la fruta.
Vierte la mezcla en un molde de 16 cm preparado con un disco de papel manteca o vegetal en la base y ligeramente enmantequillado, para facilitar el desmolde.
Hornea a 165 °C durante unos 40 minutos, o hasta que al introducir un palillo este salga completamente limpio. Retira del horno, deja enfriar, desmolda y a disfrutar.