Lava bien y pela la manzana, retira el corazón y córtala en trozos pequeños. Reserva unos cubitos para el final.
Lava bien el pepino, pélalo si lo prefieres (aunque la piel aporta color y nutrientes), y córtalos en trozos. Corta unas rodajas de pepino delgadas y reserva para el final.
Si decides usar ajo, pélalo y córtalo finamente. Este paso es clave: usa solo una pequeña cantidad para que no opaque los sabores frescos.
En una licuadora o procesador de alimentos, agrega el pepino, la manzana, el yogur natural, el jugo de limón y el aceite de oliva. Licúa hasta obtener una mezcla homogénea y cremosa. Prueba la sopa y añade sal y pimienta al gusto. Si la sientes muy espesa, puedes agregar un poco de caldo o incluso agua fría hasta lograr la consistencia deseada.
Lleva la sopa a la nevera por al menos 1 hora antes de servir. Este paso es fundamental, ya que permite que los sabores se integren mejor y la textura sea más refrescante.
Esta sopa fría de pepino y manzana es la prueba de que lo simple puede ser increíblemente delicioso. Sirve bien fría, decora con hojas de menta, eneldo, un chorrito de aceite de oliva y las rodajas de pepino y cubos de manzana para dar textura.